Un cubano en Venezuela.

Nací en cuba, de ambos padres nacidos ahí, mi infancia fue pobre, de niño no teníamos mucho así que jugaba con las nubes siempre, como no conocía más nada decía que cuba era ¡tan hermosa! y lo es…sólo con que Ana existiera me hacía tan feliz, pensaba que mi país lo tenía todo y así era…siempre jugabamos con un pote de agua vacío que luego sabría cuanto daño le hace a mi país y tampoco sabía que en otros países lo reusan…que vueltas da la vida, la basura de uno es el tesoro de otro.
En mi cumpleaños mi padre me dice que me va a mandar en un botecito a un país muy bonito, que tiene petróleo y la gente es bonita; Ése día cumplía 14 años, no era nada maduro pero sí sabía por las noticias que el petróleo era algo que todos querían tener pero igual le pregunté que por qué me iba a mandar allá si yo estaba tan feliz con él…
Me respondió que todo iba a estar mejor, si lograba llegar, seguro me encontraba con algún trabajo y de ahí todo sería felicidad. Lo que si no recuerdo es que en ningún sitio mencionó que ellos luego iban a ir. El botecito era hecho a mano digámosle así, salí de la isla de la juventud llorando, porque dejaba a Ana, a mi padre, a mi madre y a mi Cuba
El viaje a Venezuela no fué malo, algunas veces me caí pero no había marea fuerte….por suerte este mar es muy hermoso…no sé cuanto tardé en llegar a Vargas pero parecieron meses…traté de contar las noches pero como sólo llevaba agua y unas galletas me desmayaba de vez en vez.
La recepción no fué agradable…la costa era horrible, nada comparado a lo que mi padre me había dicho, por momentos pensé que estaba en cuba y que había durado días dando vueltas, que el mar me había jugado feo o que todo había sido un sueño e iba a despertar pronto. Al llegar veía casas o ranchos cayéndose a pedazos…no sé que pasó pero toda la gente estaba triste.

Dormí 2 días junto a una familia que había quedado sin casa, me contaron que hubo una inundación culpa del gobierno…yo ni idea pero para mi suerte hubieron niños que se perdieron y quedaron sin padres y yo me hice uno más…al albergue llegué.

Pasaron 2 años, era mejor que en mi casa, intenté buscar trabajo por meses hasta que al fin me dieron uno de obrero…aprendí rápido. Como pude me arrimé a una familia con un corazón tan grande como mi Ana. “¿Cómo estará ella?”

Pasaron 2 años y yo ya mayor de edad empecé a estudiar en unos cursos que daba el gobierno, no entendía porque decía que eran malos si ayudaban a gente que no tenía nada. Fuí ahorrando y con ese estudio de 3 años ya podían contratarme en una cadena de comida rápida y así ahorré un poco de dinero.
En otro trabajo que tuve me enganché con una chica, primero no me caía bien…me miraba muy feo y eso que mi acento ya no existía. Era de buena familia, apellido francés, con el tiempo nos casamos y tuvimos hijos, nietos…no los llegó a ver todos ella.
Yo estoy aquí, resumiendo esa parte de mi vida porque si cuento lo bueno tengo que contar lo malo y no quiero revivir lo malo con ella, la amo, la amaré. Cuando estaba embarazada de nuestro segundo hijo tuvimos que mudarnos a Estados Unidos, ella tenía un tío allá que nos proporcionó ayuda. Venezuela estaba en decadencia…me dicen que ahora está peor, no salgo de casa, no puedo, no puedo ni caminar pero no me importa, mientras mi mente esté bien puedo caminar y correr y volar…puedo imaginarme una Venezuela bonita…porque ya a Cuba no la quiero, mi misma gente la ha hecho pedazos, no quiero que éso pase con Venezuela…que se llegue un día que el mismo pueblo la destroce sólo por unos días de mucho dinero…y que luego no quede nada para nuestra descendencia, me importas segunda patria y mucho. Tengo cáncer de próstata, aún estoy vivo, cuando apenas me dijeron que tenía me regresé a mi Venezuela, dejamos hijos y nietos allá, sólo uno, Luis Alfonso, vino a cuidarme, lo adoro más que a mi mismo. No sé como esté Cuba, ya no quiero ver noticias, sólo quiero contarle mi historia a muchos para que cuando yo muera…aún viva en los recuerdos. Por éso le cuento esto a una sobrina lejana llamada Franciel con el mismo apellido de mi Ana Belouche.

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